Investigación documental, de acervos artísticos y curatorial para las exposiciones del 80 aniversario del Tecnológico de Monterrey
Diseño museográfico e identidad visual: Gabriel Vargas Flores
Los materiales exhibidos fueron proporcionados por la Fototeca del Tecnológico de Monterrey, la Biblioteca de Colecciones Especiales "Miguel de Cervantes Saavedra", el Archivo de la Colección Arte AC y el Patrimonio Artístico de la institución.
2023
Cuando el hilo se hace red
Proyecto realizado como parte de las actividades académicas y artísticas para celebrar el 80 aniversario del Tecnológico de Monterrey. El proyecto incluyó cuatro exposiciones físicas (campus de Monterrey, Querétaro, Ciudad de México y Guadalajara), además de una exposición digital que integra todas las sedes. Su cometido fue trazar la lucha por el reconocimiento a la agencia y las contribuciones de las mujeres durante las primeras ocho décadas de la institución.
Las cinco exposiciones fueron conceptualizadas a partir de una revisión exhaustiva al vasto acervo documental de la institución, su fototeca, fondos artísticos y colección de libros virreinales. La investigación fue realizada en colaboración con la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural y el Centro de Reconocimiento a la Dignidad Humana de la misma institución. El enfoque de investigación y curatorial tuvo como prioridad realizar una lectura de la memoria del Tecnológico de Monterrey interseccional y con perspectiva de género.
Como propuesta curatorial, Cuando el hilo se hace red implementó una metodología cercana al deshilado —una técnica de bordado que consiste en trabajar sobre algo ya tejido al levantar los hilos de la trama o la urdimbre con la punta de la aguja y tirar delicadamente de ellos— para desarrollar cada una de las cuatro exposiciones. El resultado fue un tejido intervenido sobre el que se revelaron nuevas formas con el potencial de mostrar historias que antes permanecían escondidas entre la urdimbre.
Para poner en marcha cada exposición como un dispositivo narrativo, se seleccionó una pieza por sede con la intención de conjurar algunas de las múltiples tramas en que ésta se encuentra inserta. Así, el título de la primera mujer reconocida como “arquitecta” en femenino, los pies de imprenta de las mujeres impresoras novohispanas, el retrato de una niña observando el mundo —en clave masculina— que se presenta ante su mirada en un multifamliar diseñado por Mario Pani, o las viñetas publicadas en una revista institucional que marcan cómo debe ser el comportamiento decoroso de una mujer dialogaron con otras obras, imágenes y objetos para confeccionar historias que se tornaran en hilos rebeldes. El propósito fue permitirles emprender distintas rutas sinuosas, desmarcándose de las narrativas del patriarcado.
Exposiciones y sedes:
1. Urdir la trama (Monterrey)
Urdir la trama es tejer la historia, entrelazar los hilos del tiempo para crear una red de memoria viva. En la primera sede del proyecto expositivo que conmemora el 80 aniversario del Tecnológico de Monterrey, nos adentraremos en un viaje hacia el pasado, explorando el papel fundamental de las mujeres en esta institución.
En 1943, cuando se funda el Tec, México aún no permitía que las mujeres ejercieran su derecho al voto ni que moldearan la vida pública del país. La participación de las mujeres era vital para el funcionamiento cotidiano de la comunidad, a pesar de haber sido poco reconocidas, invisibilizadas, y relegadas a roles de apoyo y cuidado. Aunque en 1953 obtuvieron el derecho al voto, se tiene el primer registro de una mujer graduada en el Tec en 1947 y progresivamente las mujeres fueron ocupando las aulas y los puestos de toma de decisión. Un hito importante en la institución, que gestionó la escritora y feminista Rosaura Barahona (1942-2017), fue cuando las graduadas pudieron obtener sus títulos en femenino. La pieza que acompaña este texto es el primer título en femenino otorgado en 1978.
El Tec no solo fue testigo de estos logros formales, sino que también proporcionó un espacio social donde las mujeres podían expresarse y ser reconocidas. En esta primera sede, desenmarañamos la historia para contar la narrativa de las mujeres en el Tec. Nos sumergimos en las páginas de Tic-Tac y Panorama, dos publicaciones icónicas que revelan la riqueza y seguridad que encontraron las mujeres en esta institución. Eventos culturales, deportivos, comidas y despedidas se convierten en testigos de una comunidad donde las mujeres ayudaron a construir y cambiar el mundo a su alrededor.
Hoy celebramos las aportaciones de estas mujeres al Tecnológico de Monterrey y nos comprometemos a seguir construyendo un futuro donde sus voces continúen resonando. Cada imagen en esta sede es un hilo que representa la fuerza y el poder de las mujeres que han dejado su huella en el Tec; nuestra intención es que las generaciones venideras se inspiren en esta historia de lucha hacia la equidad de género.
2. Recaudo para coser palabras (Querétaro)
«Recaudo» se refiere a colección, a reunión de elementos diversos guardados. Esta exposición se plantea como un recaudo de palabras, una muestra de cómo las palabras crean realidades y recuperan memorias. El contacto entre las lenguas originarias y el castellano estableció una relación de sometimiento lingüístico y social, contribuyendo a la extinción y transformación de gran parte de los conocimientos de los pueblos originarios y de sus lenguas. De manera paralela, los saberes femeninos han sido invisibilizados y menospreciados históricamente. La exposición Cuando el hilo se hace red. Memoria viva de las mujeres en el Tecnológico de Monterrey, enmarcada dentro del 80 aniversario, teje un recorrido de estos recaudos, a través de fragmentos de testimonios impresos durante el virreinato, resguardados en la Biblioteca de Colecciones Especiales “Miguel de Cervantes Saavedra”. También se exponen dos reproducciones, pertenecientes al patrimonio artístico del Tecnológico de Monterrey: una, de Graciela Iturbide (1942) y otra, de José Reyes Meza (1924-2011). Está dividida en tres núcleos temáticos: Mujeres y escritura: el espacio público; La condición de lo indígena y de lo femenino y Saberes medicinales y biopolítica. Destaca la participación de las mujeres de la institución en las carreras de Letras, Comunicación y Periodismo, como cosedoras de palabras.
3. Tejer la modernidad (Ciudad de México)
Según la geógrafa Jane Darke, “[N]uestras ciudades son el patriarcado escrito en piedra, ladrillo, vidrio y hormigón”. Esto es, las dinámicas sociales que suceden dentro de una población están determinadas por el espacio material en el que éstas tienen lugar. La acelerada urbanización de la Ciudad de México durante la década de 1950, unida a la migración de personas provenientes de zonas rurales en búsqueda de trabajo y la oportunidad de una mejor vida, cambió el tejido social de la capital mexicana. Esto se reflejó en la vivienda: la intensa construcción de edificios que había comenzado en la década anterior, y que encontraría su cúspide como proyecto estatal hacia 1950, modificó los patrones de conducta de sus habitantes, al igual que sus roles de género.
Así, durante esta época, el paisaje urbano sufrió la transformación progresiva de una ciudad horizontal –en la que se distinguían casas porfirianas, vecindades de apenas un par de pisos, palacios coloniales– a una ciudad vertical donde los grandes edificios colonizaron la perspectiva. Emblemas de la modernidad e, inicialmente, de una forma de vida caracterizada por el lujo cosmopolita, estas construcciones multiplicaron exponencialmente la capacidad habitacional de la ciudad. ¿Cómo se transformó a la par la vida de quienes poblaron estos nuevos espacios? Esta exposición explora esta pregunta recurriendo al archivo fotográfico del arquitecto Mario Pani Darqui (1911-1993), resguardado por el área patrimonial del Tecnológico de Monterrey, en el que se muestran algunos de los megaproyectos que diseñó por comisión estatal (los conjuntos habitacionales Juárez, Tlatelolco, Miguel Alemán) y los lujosos edificios comisionados por clientes privados. A partir de una revisión exhaustiva de dicho archivo, los elementos duros de esa arquitectura innovadora –el concreto y un trazo racional– son contrapuestos con sus elementos suaves –su habitabilidad y la vida cotidiana que sucedía bajo esos caparazones modernos–.
¿Cómo cambian tareas como la crianza dentro de estos nuevos escenarios modernos? ¿Cómo se adaptan las mujeres a esta coreografía de la industrialización? Ésta, que se reflejó en la producción a gran escala de espacios habitacionales, también irrumpió dentro de los hogares transformando sus ritmos y tiempos. Las transmisiones radiofónicas llegaban hasta salas y comedores, transmitiendo música y difundiendo noticias provenientes de cualquier parte del mundo en tiempo real; los automóviles que se desplazaban a toda velocidad por las nuevas avenidas eran la culminación de las aspiraciones de prosperidad económica; las aspiradoras, licuadoras y lavadoras marcaban igualmente el compás del movimiento vertiginoso dentro de la gran ciudad, mecanizando tareas que antes eran imposibles o estrictamente manuales; los refrigeradores permitían comer alimentos en perfecto estado días después de haber sido cocinados. Al “liberarse” del trabajo doméstico y contar con más tiempo, un número considerable de mujeres se convirtieron en mujeres o chicas modernas, trabajando fuera de casa (principalmente como secretarias, telefonistas, mecanógrafas u otros oficios de apoyo), recibiendo remuneración y aplazando, o evitando, el momento de contraer matrimonio. ¿Es éste el contexto de una liberación o, por el contrario, una situación que duplicó la carga de trabajo de las mujeres?
Aunque esta pregunta se formula desde la Ciudad de México, también nos brinda la oportunidad para analizar estas encrucijadas en el contexto de Monterrey, una de las ciudades más industrializadas del país. La historia del Tec, cuya fundación coincide con este período, abre la puerta hacia este otro escenario de transformación, industrialización y modernidad. Además de emplear a un importante número de trabajadoras desde sus inicios, fue a través del Sorteo Tec –un magno sorteo lanzado en 1947 con la intención de recabar fondos para mejorar la infraestructura de los campus, apoyar la investigación y ofrecer becas de estudio– que se materializaron los anhelos por una vida que mejor, facilitada por estos nuevos productos: electrodomésticos, cristalería, automóviles, al igual que una lujosa y modernísima casa. En este momento, las mujeres habitaron un espacio liminal entre la esfera pública y la privada –entre la vida laboral y el hogar–, redefiniendo constantemente su rol dentro de esta sociedad que tejía, aparato con aparato, ladrillo con ladrillo, la modernidad.
4. Resistir en los retazos (Guadalajara)
“Cruza las piernas al sentarte”, “no rías a carcajadas”, “vístete con decoro”, “péinate” son sólo cuatro de entre las muchas instrucciones que se dan a las mujeres, de forma cotidiana, desde niñas. Tales señalamientos buscan incidir en el comportamiento de este grupo social, regular lo que sus cuerpos deben o no hacer y, a través del cumplimiento reiterado de esas normas, pretenden establecer lo que define a su género. Esta pequeña muestra, donde se enhebra el último episodio del proyecto expositivo Cuando el hilo se hace red. Memoria viva de las mujeres en el Tec, teje fragmentos en los que alumnas, profesoras y trabajadoras se han atrevido a trazar los caminos que desean al desafiar y transgredir esas reglas impuestas.
El objeto a deshilar de la exposición es una serie de viñetas tituladas “Urbanidad gráfica”, publicadas entre 19XX y 19XX en la revista Tic-tac, la cual fue realizada por los y las trabajadoras del Tecnológico de Monterrey. Mediante la conjunción de dibujos de trazo plano y textos contundentes se enunciaban reglas destinadas a refinar los modales sociales; poco sorprende que la apabullante mayoría se dirigiera abiertamente a las mujeres. Sin embargo, en los muros a su alrededor se exhiben pequeñas muestras –retazos– de resistencia ante estas normas ejercidas por la población femenina del Tec.
A pesar de que pocos de estos lineamientos tienen un soporte legal, es a través de esa aceptación y repetición a nivel social que tal normatividad de género define cuáles son las acciones aceptadas, apropiadas y deseables para hombres y mujeres dentro de un contexto específico. Su resultado tangible es la asignación desigual de responsabilidades a las personas con base en su identidad de género (por ejemplo, ¿en hombros de quién recaen las labores de cuidados y crianza?), al igual que dar o negar acceso a recursos, libertades y oportunidades. Los deportes son un claro ejemplo de esta última instancia. Históricamente, al buscar proteger la naturaleza frágil del “sexo débil”, las mujeres han sido marginadas de los eventos y actividades deportivas. Aún en el siglo XXI, habiendo conquistado la participación plena en este ámbito, el financiamiento y la visibilidad que se les otorga continúa siendo materia de debate.
Además de abrir estas problemáticas a discusión, la exposición se ha concebido como un quilt, una tradición textil en la que se crea un manto o una cobija al coser retazos de tela. A través de sus patrones ornamentales y colores variados, los quilts también han fungido como un medio narrativo y han materializado en distintos contextos objetos de resistencia política. Inspiradas en ello, deseamos que cada imagen incluida aquí, retales provenientes de la memoria institucional del Tecnológico de Monterrey y de sus fondos artísticos, sea un fragmento de memoria que teja una narrativa mayor al hilarse con las demás historias de arrojo, lucha y determinación. Desde sus trincheras, es decir, en aquellos retazos que han ocupado estas mujeres, ellas han llevado a cabo actos de resistencia que comunican necesidades de cambio apremiantes. Buscamos que las puntadas mediante las cuales se unen estas historias sean como el pinchazo de una aguja: una punzada que nos afecta física y mentalmente, instigándonos a unirnos a su llamado y sus causas.